SILENCIO, SE LEE (Las pulseras contra el cáncer)

“!Silencio, se lee!”.

            Esta actividad consiste en comenzar la primera hora de la jornada de un día a la semana (que irá rotando) con la lectura de un texto y un breve comentario posterior. Cada semana el texto será aportado por un departamento distinto. La naturaleza del material propuesto por los departamentos es libre : artículos, entrevistas, biografías, fragmentos literarios, etc. Únicamente deberá cumplir con el requisito de que sea accesible a todos los alumnos desde 1º de ESO a 1º BACHILLERATO.
           Si te has perdido alguna de las sesiones aquí te dejamos los textos propuestos por los distintos departamentos del IES para que no te pierdas nada




Las pulseras contra el cáncer de Candela recaudan un millón de euros
Las amigas de la niña afectada por esta enfermedad destinan el dinero a la investigación
Daniela y Mariona salieron un día a la calle con un cartel y un puñado de pulseras para venderlas y ayudar a su amiga Candela, enferma de leucemia. Sin saberlo, estaban iniciando una cadena solidaria que, tres años más tarde, ha logrado recaudar un millón de euros para la investigación del cáncer infantil. Cada año, se diagnostican en España 1.400 casos nuevos de tumores malignos en niños, siendo la leucemia el más común, seguido de los tumores cerebrales y los linfomas. Además, es la primera causa de muerte por enfermedad hasta los 14 años de edad. La supervivencia de los niños diagnosticados a los cinco años es del 81%, según Sociedad Española de Hematología y Oncología Pediátricas (SEHOP)
Una voluntaria del hospital enseñó a Candela a hacer pulseras
Todo empezó en el verano de 2013, cuando Carmen, una voluntaria del centro, enseñó a Candela, de 11 años, a hacer pulseras para hacerle más llevadero su ingreso en el Hospital Sant Joan de Déu (Barcelona), un centro especializado en medicina pediátrica. Poco tiempo después, la niña enseñó a Daniela y Mariona, sus amigas de toda la vida, a tejer las mismas pulseras de hilo que hacía ella en el hospital.
Las dos compañeras de Candela empezaron a tejer pulseras, que bautizaron como Candelas en honor de su amiga, y a venderlas para conseguir dinero para la obra social del hospital. Las niñas admiten que, al principio, sus padres se rieron de ellas, pero que con los primeros resultados, fruto de "perseguir" a amigos, familiares y vecinos del pueblo con las pulseras, se contagiaron de su ilusión. La magia se extendió hasta la planta ocho de Sant Joan de Déu, dedicada a oncología, donde Candela enseñó a los demás pacientes y a sus familias a hacer las mismas pulseras.
El resultado, según coinciden todos los implicados, ha sido "alucinante". Desde finales de 2013 hasta este enero, se han elaborado más de 274.000 pulseras, que se han vendido a tres y cinco euros. El millón de euros que han conseguido se ha destinado a ampliar la plantilla de investigadores en el centro barcelonés, que actualmente cuenta con seis líneas de investigación y 27 investigadores.
El presupuesto del centro destinado a la investigación de oncología infantil es de dos millones de euros anuales. El 80 % de los recursos proceden de donaciones de particulares y de iniciativas como la venta de las 'candelas'.
                                                                  El País



                            

                            Lunes 23 de Enero. Departamento de Lengua Castellana y Literatura.



SILENCIO, SE LEE

SOLIDARIDAD

“La gente que me gusta”

Me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla, que no hay que decirle que haga las cosas, sino que sabe lo que hay que hacer y que lo hace. La gente que cultiva sus sueños hasta que esos sueños se apoderan de su propia realidad. […]

Me gusta la gente capaz de criticarme constructivamente y de frente, pero sin lastimarme ni herirme.
La gente que tiene tacto.
Me gusta la gente que posee sentido de la justicia.
A estos los llamo mis amigos. […]

Me gusta la gente de criterio, la que no se avergüenza en reconocer que se equivocó o que no sabe algo. La gente que, al aceptar sus errores, se esfuerza genuinamente por no volver a cometerlos. […]

La gente que valora a sus semejantes no por un estereotipo social ni cómo lucen. La gente que no juzga ni deja que otros juzguen.
Me gusta la gente que tiene personalidad.
Me gusta la gente capaz de entender que el mayor error del ser humano, es intentar sacarse de la cabeza aquello que no sale del corazón.

La sensibilidad, el coraje, la solidaridad, la bondad, el respeto, la tranquilidad, los valores, la alegría, la humildad, la fe, la felicidad, el tacto, la confianza, la esperanza, el agradecimiento, la sabiduría, los sueños, el arrepentimiento y el amor para los demás y propio son cosas fundamentales para llamarse GENTE.

Con gente como ésa, me comprometo para lo que sea por el resto de mi vida, ya que por tenerlos junto a mí, me doy por bien retribuido.

                                                                                                         Mario Benedetti


VÍDEO FINAL: DON QUIJOTE EN EL ABYLA. TODOS LOS CURSOS

DON QUIJOTE. LECTURA EN EL ABYLA.

ARTÍCULO PERIODÍSTICO PARA 4ª ESO/ BACH

Los siete hermanos que se criaron con 20.000 libros


ederico, Georgina, María, Mateo, Marcos, Lucas y Nazareth.
“Todas las personas mayores fueron primero niños, aunque pocas de ellas lo recuerdan”, proclama la primera página de El Principito. Los siete hermanos Martinón Torres, nacido en Ourense entre 1971 y 1982, son de esas pocas “personas mayores” que evocan su niñez vívidamente. Y su memoria señala hacia un mismo lugar mágico: la biblioteca de sus padres.


“Los siete hermanos crecimos con la naturalidad de que la biblioteca fuera la mayor habitación de la casa. Allí había unos 20.000 libros, con dos o tres capas de volúmenes en cada estante”, rememora Marcos Martinón Torres, de 38 años y catedrático de Arqueología en el University College de Londres. De niño, vivía aventuras épicas sin alejarse de los anaqueles. Hoy, su vida transcurre entre los guerreros de terracota de Xian, en China, y las estatuas de oro precolombinas de los alrededores de Bogotá, en Colombia.


Aquella biblioteca de un piso de Ourense repleta de epopeyas de papel se convirtió en una fábrica de cerebros dedicados a la ciencia. Marcos, el arqueólogo, es el quinto hermano, nacido en 1977. María, de 1974, es investigadora en los yacimientos de Atapuerca(Burgos) y una de las principales expertas en evolución humana del mundo. Federico, el hermano mayor, de 1971, es uno de los pediatras más citados de España y una referencia en vacunación infantil en Europa. Y, así, suma y sigue toda la familia.


“En mi casa había veneración por los libros, como fuente de entretenimiento, de conocimiento, de consuelo”, recuerda María Martinón Torres, cuyos estudios de fósiles asiáticos están reescribiendo la prehistoria del ser humano. María creció fascinada por las aventuras de Sherlock Holmes y los libros de Julio Verne.




Marcos, María, Mateo, Nazareth, Federico (padre), Georgina (madre), Georgina, Federico y Lucas, en la actualidad. 
Nuestros padres no nos decían que fuéramos los mejores médicos, sino que diéramos la mejor versión de nosotros mismos en lo que nos gustara. Todo el mundo es potencialmente bueno en algo y el quid es encontrar en qué”, explica María. El lema familiar recuerda a otra de las frases míticas de El Principito: “Se debe pedir a cada cual lo que está a su alcance realizar”.


El padre de los siete hermanos es Federico Martinón Sánchez, bibliófilo y jefe del departamento de Pediatría del Hospital de Ourense hasta su reciente jubilación. La madre es Georgina Torres, melómana y enfermera hasta que lo dejó para criar a sus hijos. “Nuestros padres nunca nos dijeron lo que teníamos que hacer. Nos dieron los medios para tener curiosidad intelectual. Yo quise ser arqueólogo desde muy pequeño, porque estaba expuesto al arte y a la historia sin salir de casa. Ni siquiera pasé por la fase de querer ser futbolista”, explica Marcos.
El hermano mayor, Federico, sí siguió los pasos de su padre. El joven Federico Martinón Torres, sin embargo, se licenció con el Premio Nacional al mejor expediente académico. Hoy lidera el Grupo de Investigación en Genética, Vacunas, Infecciones y Pediatría (GENVIP) en  Santiago de Compostela.


Como Federico, la pequeña de los siete hermanos, Nazareth, de 33 años, también es pediatra. Acaba de recibir el Premio extraordinario de la Universidad de Salamanca por su tesis sobre la meningitis.


“La biblioteca de mis padres era un sitio cálido, lleno de libros, donde todos los hermanos queríamos estar, aunque fuera para leer un cuento”, recuerda el pediatra Federico, el mayor. “Entre los más de 20.000 volúmenes de su biblioteca se encontraban incunables, obras médicas y primeras ediciones de grandes clásicos. Letras y ciencias entreveradas en pilas de libros que llegaban hasta el techo”.
La segunda hermana Martinón Torres, Georgina, es geriatra en el Hospital General Universitario de Ciudad Real y miembro de la red Con ojos de geriatra. Mateo, es informático y trabaja como gestor en una empresa de alimentación en Santiago de Compostela. Y Lucas, de 1980, ha salido el hermano más de letras. Es periodista: director general de comunicación de la Xunta de Galicia. Con 27 años, la prensa local ya lo comparó con Jon Favreau, el joven que escribía los discursos de Barack Obama.
“Desde niños hemos visto a nuestros padres leer y estudiar más allá de su jornada laboral. Nos dieron el ejemplo a seguir, la inspiración y los medios necesarios: los libros”


DISCURSO PRONUNCIADO POR FEDERICO GARCÍA LORCA 3º Y 4º ESO/ BACH

Discurso pronunciado por Federico García Lorca en la inauguración de la biblioteca de su pueblo natal, Fuente Vaqueros (Granada), en 1931.
MEDIO PAN Y UN LIBRO
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"Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro."


Federico García Lorca


"Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. ‘Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre’, piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión.
Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado y contento de inaugurar esta biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada.
No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.
Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?
¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: ‘Amor, amor’, y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita, y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: ‘¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!’. Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.


Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que nuestro lema debe ser: ‘Cultura’. Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz.

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