Tranvía


TRANVÍA



Por fin. La desconocida subía siempre en aquella parada. “Amplia sonrisa, caderas anchas… una madre excelente para mis hijos”, pensó. La saludó; ella respondió y retomó su lectura: culta, moderna.

Él se puso de mal humor: era muy conservador. ¿Por qué respondía a su saludo? Ni siquiera lo conocía.

Dudó. Ella bajó.

Se sintió divorciado: “¿Y los niños, con quién van a quedarse?”

ANDREA BOCCONI.

Carta del enamorado

                                                        CARTA DEL ENAMORADO

Hay novelas que aun sin ser largas no logran comenzar de verdad hasta la página 50 o la 60. A algunas vidas les sucede lo mismo. Por eso no me he matado antes, señor juez.

                                                                                     Juan José Millás

La obra maestra


LA OBRA MAESTRA

El mono cogió un tronco de árbol, lo subió hasta el más alto pico de una sierra, lo dejó allí, y, cuando bajó al llano, explicó a los demás animales:



-¿Ven aquello que está allá? ¡Es una estatua, una obra maestra! La hice yo.



Y los animales, mirando aquello que veían allá en lo alto, sin distinguir bien qué fuere, comenzaron a repetir que aquello era una obra maestra. Y todos admiraron al mono como a un gran artista. Todos menos el cóndor, porque él era el único que podía volar hasta el pico de la sierra y ver que aquello solo era un viejo tronco de árbol. Dijo a muchos animales lo que había visto, pero ninguno creyó al cóndor, porque es natural en el ser que camina no creer al que vuela.

                                              

Álvaro Yunque

Fábula de un animal invisible


FÁBULA DE UN ANIMAL INVISIBLE



El hecho -particular y sin importancia- de que no lo veas, no significa que no exista, o que no esté así aquí, acechándote desde algún lugar de la página en blanco, preparado y ansioso de saltar sobre tu ceguera.

                                                                                     Wilfredo Machado


La oveja negra

                                                                  LA OVEJA NEGRA

En un lejano país existió hace muchos años una Oveja negra. Fue fusilada. Un siglo después, el rebaño arrepentido le levantó una estatua ecuestre que quedó muy bien en el parque. Así, en lo sucesivo, cada vez que aparecían ovejas negras eran rápidamente pasadas por las armas para que las futuras generaciones de ovejas comunes y corrientes pudieran ejercitarse también en la escultura.

                                                                                          Augusto Monterroso

El dedo


El dedo

Un hombre pobre se encontró en su camino a un antiguo amigo. Éste tenía un poder sobrenatural que le permitía hacer milagros. Como el hombre pobre se quejara de las dificultades de su vida, su amigo tocó con el dedo un ladrillo que de inmediato se convirtió en oro. Se lo ofreció al pobre, pero éste se lamentó de que eso era muy poco. El amigo tocó un león de piedra que se convirtió en un león de oro macizo y lo agregó al ladrillo de oro. El amigo insistió en que ambos regalos eran poca cosa.
-¿Qué más deseas, pues? -le preguntó sorprendido el hacedor de prodigios.
-¡Quisiera tu dedo! -contestó el otro.

 Feng Meng-Lung

Compañía


Compañía

¿Por qué le gusta tanto leer a Aurora? A veces se lo preguntan. A veces se lo pregunta. Es una apasionada lectora. No llama la atención a su familia, o a sus compañeras de trabajo por el tiempo que le dedica (tiene que buscar ratitos perdidos, horas robadas), ni por el número de libros al mes, que casi nunca pasa de uno.

No, es la pasión. Tiene que ver con la intensidad, con ese secreto que oculta. Acaba el libro, lo cierra, y mantiene la mirada fija en el suelo, pero en realidad, no ve las pequeñas juntas de las baldosas, ni la esquina con el tiesto y la araucaria. Apenas se atreve a tocar de nuevo la portada. Hay alguien que ha sido capaz de escribir esto, piensa; alguien en el mundo comparte lo que yo siento, alguien ha puesto palabras a esas emociones que antes creía que sólo yo sentiría. Esto es un milagro–dice, y siente deseos de iniciar de nuevo la lectura de la novela, desde la página cero, pero no se atreve. No sabe si quiere, en realidad, hay otros libros que la esperan y quiere saltar a ellos-. Alguien, en el otro lado del mundo, en otro idioma, ha sido capaz de comprender lo que yo siento. Esto es un milagro. No estoy sola, no soy rara. Hay alguien, un desconocido, que me comprende.

Espido Freire