Lunes 9 de marzo. Semana de la mujer

  Betty Friedan

               

       Escritora estadounidense, autora de La mística de la feminidad (1963), obra de referencia del movimiento feminista por la que fue galardonada con el premio Pulitzer. Mujer adelantada a su tiempo, nunca bajó la guardia en los problemas que siempre la preocuparon: la reestructuración de lo doméstico y familiar y la paridad económica y laboral entre hombres y mujeres. Dos frentes en los que abrió brecha y que la convirtieron en la figura más emblemática del feminismo en una época, en la década de los sesenta, en la que todo estaba por hacer. En este sentido, esta pionera de los derechos de las mujeres será recordada como una de las activistas que más han contribuido a trazar un camino hacia la igualdad real de géneros.

      La mística de la feminidad (1963) es un exhaustivo análisis del rol de las mujeres de clase media “convertidas por la sociedad en amas de casa sin recursos propios” y referente indispensable para la configuración del movimiento feminista de la década de los setenta.

   En opinión de Friedan, la mística femenina no es más que una forma de la sociedad de embaucar a las mujeres, vendiéndoles una serie de bienes que las dejan vacías, padeciendo “del problema que no tiene nombre” y buscando una solución en los tranquilizantes y el psicoanálisis. Una mujer debe poder decir, y no sentirse culpable al hacerlo, “¿Quién soy? y ¿Qué quiero hacer en mi vida?”. No se debe sentir como una persona egoísta y neurótica si quiere alcanzar metas propias, que no estén relacionadas con su esposo e hijos”.

Semana de la mujer: Viernes 6 de marzo. ¿Por qué se celebra el 8 de marzo?

Día de la mujer: ¿Por qué se celebra el 8 de marzo?


    
     

El Día Internacional de la Mujer Trabajadora no se institucionalizó hasta 1975, cuando la Organización de Naciones Unidas (ONU) decidió por fin dar oficialidad a las reivindicaciones de las mujeres por la igualdad de oportunidades respecto a los varones. Sin embargo, la lucha contra el machismo tiene antecedentes que se remontan a principios del siglo pasado.

Nueva York es una ciudad clave en la lucha por los derechos y libertades de la mujer. En 1909, una jornada organizada por mujeres de un partido socialista congregó a más de 15.000 mujeres en una marcha que exigía la reducción de la jornada laboral, mejores salarios y derecho al voto. Fue el origen del 8M.

Un año después, en 1910, la Internacional Socialista, reunida en Copenhague, proclamó con carácter internacional, el Día de la Mujer. La propuesta fue aprobada unánimemente por las más de 100 mujeres que acudieron la conferencia procedentes de 17 países. 

Aunque no se estableció una fecha fija para la celebración, el 19 de marzo del año siguiente se celebró el primer Día de la Mujer en cuatro países europeos: Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza. Ese día, centenares de miles de personas asistieron a actos políticos en los que se exigía la participación social y política de la mujer en un nivel de igualdad con el hombre.

Además de exigir el sufragio femenino universal, se proclamó el derecho al trabajo, a ocupar cargos públicos, a la formación profesional y a la no discriminación laboral, y en términos generales, a su desarrollo íntegro como persona

Fuente: La Vanguardia



Semana de la mujer trabajadora. Jueves 5 de marzo. Olympe de Gouges


OLYMPE DE GOUGES



Luchó por la igualdad, contra la esclavitud y a favor de los derechos de las mujeres. Pese a su ideología revolucionaria – o quizá a causa de ella – fue guillotinada en noviembre de 1793 en París, tras la purga que siguió a la Revolución Francesa. Su hijo renegó de ella públicamente y Francia y el Mundo la han enterrado durante más de 250 años. Su nombre empieza a reivindicarse ahora.

Olympe se involucró activamente en la lucha por la igualdad. Publicó una treintena de panfletos proponiendo un amplio programa de reformas sociales. Sus trabajos adquirieron un cariz feminista y revolucionario. Defendió la igualdad entre el hombre y la mujer en todos los aspectos de la vida pública y privada, incluyendo el derecho a voto, el acceso al trabajo público y a la vida política, el derecho a poseer y controlar propiedades, a formar parte del ejército, y a la educación y a la igualdad de poder en el ámbito familiar y eclesiástico. Abogó por la supresión del matrimonio y la instauración del divorcio, por el reconocimiento de los niños nacidos fuera del matrimonio, y propuso un contrato anual renovable a firmar por los cónyuges. En 1791 redactó la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana, basándose en la reciente declaración de los derechos del Hombre. Su máxima era: Si la mujer puede subir al cadalso, también se le debería reconocer el derecho de poder subir a la Tribuna. Probablemente no supiera entonces lo profética que resultaría su proclama.
 


Semana de la mujer trabajadora. Miércoles 4 de marzo. Mary Wollstonecraft

                                  MARY WOLLSTONECRAFT





La vida de Mary Wollstonecraft parecía destinada a ser la típica de una mujer del siglo XVIII. Nacida en una familia de clase media de Spitalfields (Inglaterra) el 27 de abril de 1759, su personalidad se vio a menudo sacudida por los vaivenes económicos, los continuos traslados y las esporádicas agresiones de su progenitor a su madre, a la que Mary trataba a menudo de defender, pues ya de pequeña se antojaba como una mujer de fuerte carácter.


En 1792 Mary publica la que será su obra maestra: Vindicación de los derechos de la mujer, un ensayo que se convertiría en una de las primeras obras feministas de la historia (si bien ese término no se haría popular hasta un siglo después).



En su escrito, Mary Wollstonecraft defiende el derecho y la importancia que tiene el que las mujeres puedan ser educadas como los hombres, sosteniendo que tanto unos como otros son seres humanos y, por tanto, sujetos a los mismos derechos y responsabilidades. No dice que hombres y mujeres sean iguales, o que las mujeres deban tener un papel superior a los hombres. Sostiene que ambos son iguales “a los ojos de Dios” y, por tanto, han de tener las mismas reglas morales y las mismas oportunidades. De hecho, ante la incultura mayoritaria de las mujeres de su siglo, apelará a los mismos hombres a que sean el motor del cambio social que es necesario llevar a cabo: “Les ruego que ayuden a sus compañeras a ser independientes, para que ellas sean su mayor apoyo”.