domingo, 13 de mayo de 2018

Martes 15 de mayo El escorbuto


EL ESCORBUTO



            Se ha sugerido que, solo de escorbuto, murieron entre 1500 y 1850 hasta dos millones de marineros. Normalmente, en una travesía larga, acababa con la vida de la mitad de la tripulación. Se probaron diversos y desesperados recursos. Vasco de Gama, en una expedición de ida y vuelta a la India, animó a sus hombres a aclarase la boca con orina, una solución que no hizo mejorar el escorbuto y mucho menos para levantar los ánimos.
            Con el tiempo la gente se dio cuenta de que los marineros con escorbuto solían recuperarse al llegar a puerto y comer alimentos frescos, pero nadie se ponía de acuerdo sobre qué cosa de esos alimentos era lo que los ayudaba. Había quien pensaba que no tenía nada que ver con la comida, sino con el cambio de aires.
            En la década de 1760, un médico escocés llamado William Stark, llevó a cabo una serie de intrépidos experimentos. Pasó semanas viviendo tan solo de los alimentos más básicos –pan y agua, principalmente- para ver qué ocurría, Y lo que ocurrió fue que en cuestión de seis meses acabó matándose, de escorbuto, sin haber llegado ninguna conclusión útil. 
            Más o menos, hacia la misma época, James Lind, un cirujano naval, llevó  a cabo un experimento más rigurosos y científico con doce marineros que padecían ya el escorbuto y a los que dividió por parejas. A cada pareja le administró un presunto elixir diferente: vinagre una, ajo y mostaza a otra, naranjas y limones a una tercera, y así sucesivamente. Cinco de los grupos no mostraron ninguna mejoría, pero la pareja que consumió naranjas y limones se recuperó de manera rápida y completa. Sorprendentemente, Lind decidió ignorar la importancia del resultado.

            Quedó en manos del gran capitán Cook encauzar las cosas. Para la vuelta al mundo que realizó entre 1568 y 1771, cargó con diversos antiescorbúticos para experimentar con ellos, incluyendo 135 litros de mermelada de manzana y 45 kilos de chucrut para cada miembro de la tripulación. NI una sola persona murió de escorbuto durante el viaje, un milagro que lo convirtió en el héroe nacional tanto como su descubrimiento de Australia. Pero, por desgracia, la Armada Británica tardó una generación más antes de empezar finalmente a administrar zumo de limón de un modo rutinario a todos los marineros.
            La comprensión de que una dieta inadecuada era la causa no sólo del escorbuto, sino de un amplio abanico de enfermedades comunes, llegó de manera muy lenta.



Lectura extraída del libro "En Casa. Una breve historia de la vida privada" de Bill Bryson (septiembre 2011),