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El argumento de esta novela se podría describir de una forma muy simple: trata sobre la rivalidad entre bandas y la lucha de clases en la ciudad de Tulsa a mediados de los años 60. Pero detenernos en esto sería injusto: nos estaríamos quedando muy, muy, muy cortos.

Rebeldes, que ya es un clásico para al menos un par de generaciones, es una historia de amistad sincera, de amor entre hermanos y también de cómo los miembros de una familia se protegen y cuidan unos de otros incluso cuando no les une ningún vínculo de sangre. Los roles están perfectamente bien definidos y la atmósfera es tan real que uno casi puede sentir el olor a cuero. Resulta casi imposible no meterse en la piel de Ponyboy, de Cherry o hasta de Dallas (incluso cuando uno ya ha dejado bastante atrás la adolescencia).

Sobre todo es una fiel descripción de lo difícil que es la vida de un adolescente, de lo perdido que se puede llegar a sentir un chaval de 14 años ante un mundo que aún le queda un poco grande pero al que en cierta manera debe enfrentarse como un adulto. La autora refleja con maestría la frustación del protagonista, que siente que sus hermanos no le comprenden y se ve obligado a gritar para ser escuchado y a huir para ser buscado.

Susan E. Hinton demuestra una asombrosa madurez como autora, especialmente si tenemos en cuenta que esta novela se publicó cuando ella tenía solamente ¡18 años! A pesar de su juventud, modeló una novela compleja y emocionante que a ratos no es fácil de digerir. La vida es dura para estos chavales de los barrios menos favorecidos y así es como quiso reflejarlo. Familias desestructuradas, alcohol, tabaco, peleas, navajas, muerte… Todos los elementos quedan perfectamente enhebrados con un lenguaje callejero que es en realidad una seña de identidad de sus personajes, del barrio en el que les ha tocado nacer, casi tanto o más que sus pelos grasientos.
Y en medio de tanta rivalidad y desigualdad, un mensaje con trazas de un intenso positivismo: la vida es efímera, el tiempo no se detiene, las hojas de los árboles cambiarán el verde por el dorado y acabarán cayéndose de la rama. Nada dorado puede permanecer, nos recuerda la autora mediante los versos de Robert Frost: los que ayer eran niños hoy se tienen que enfrentar a los problemas propios del mundo de los adultos así que hay que procurar no perder lo dorado que todos llevamos dentro. «Sigue siendo dorado, Ponyboy, sigue dorado…», es el mensaje de Johnny a su amigo, pase lo que pase no debemos perder aquello que nos hace especiales, lo que nos hace destacar, sin importar si somos greasers o socs
Es una novela imprescindible, por su realismo, por su intensidad, porque nos hace reflexionar y porque con los años ha ido madurando y sigue siendo igual de deliciosa que cuando se lee por primera vez. Demuestra lo equivocada que está la gente que opina que las novelas juveniles son sólo para adolescentes: Rebeldes es absolutamente recomendable para jóvenes y para los no tanto.

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